jueves, diciembre 30

Sin olor a químicos

Revelar una fotografía era una práctica cuidadosa que tomaba varias horas. Empezaba en el cuarto oscuro cuando los químicos comenzaban a retirar el exceso de plata donde la luz no había tocado la gelatina, obteniéndose un tira de negativos. Había que ser extremadamente metódico con los tiempos y el número de veces que se agitaba el contenedor, un segundo demás o de menos podría significar perder aquella fotografía que con tanto empeño, cuidado del encuadre, esmero y preparación se había tenido antes de presionar el disparador y escuchar el espejo levantarse rogando que esa fracción de luz, ese mínimo instante lograse impresionar la película tal y como lo planificado. Y no había como saberlo, solo restaba seguir haciendo mas tomas hasta acabar el rollo.



Una vez obtenido el negativo empezaba el verdadero trabajo: ampliar la fotografía. Esperaban arduas horas de laboratorio, primero la tira de grises donde se median los tiempos de exposición idóneos para conseguir el contraste adecuado. Una vez expuesto el papel pasarlo por el primer químico y ver como el blanco del papel iba revelando los grises inequívocos de una fotografía, luego parar el proceso y fijarla para solo entonces darse cuenta que había partes en blanco o faltaba mas contraste lo que llevaba a desechar la foto. Nuevamente medir tiempos, cortar papel, revelar, parar, fijar hasta lograr lo deseado.



Hoy el sentido de revelar una foto, para mi, ha cambiado radicalmente. Hoy ya no hay pesadas maquinas ni cuartos oscuros. El revelado ya no es un proceso quimico sino creativo. Solo tengo que encuadrar, disparar y ver en la pantalla si salio tal cual lo quería, algo que todo el mundo hace, pero no todo el mundo sabe que no solo es volver a tomar la foto sino tener en cuenta que lo importante es lo obtenido, los colores en pantalla son referenciales que luego se revelará su verdadera expresión que podrá ser en grises, en sepia, dándole a algunas zonas color y quitandole a otras o poniendo énfasis a lo que se quiere resaltar. Los negativos digitales (RAW) lo simplifican todo.

Las horas en el laboratorio han sido reemplazadas por minutos en la computadora, los complicados procesos para conseguir la foto ideal ahora solo son movimientos del cursor, giros de mouse que van revelando lo que el RAW esconde después de ese disparo donde la luz impactó en el sensor.



Tomar una fotografía es ahora mas fácil, ser buen fotógrafo es difícil y revelar es mucho mas complicado. No hay olor a químicos pero son tantas las posibilidades que se abren que el sentido de una foto puede cambiar con tan solo cambiar la saturación o el tono en un punto. Es la misma foto la que espera encontremos el secreto que revele su mensaje. Siempre diferenciando un software de edición de imágenes como el photoshop de uno de revelado como el lightroom.

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